Chispitas para escritores II

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Chispitas para escritores II

Hoy finalizo una serie de recomendaciones para escritores noveles. Las entregas han sido producto de una invitación de don Mauricio Miranda, quien prepara un libro para este sector, cada vez más amplio en nuestro país.

La precisión no es menos importante que la claridad y brevedad. Esta implica diversos factores que van desde el significado de los vocablos, la puntuación impecable, la ortografía inmaculada, la concordancia de vocablos (género y número), así como la homogeneidad de los tiempos verbales y su aplicación precisa.

En muchas ocasiones, por el uso regional, se usa de forma inapropiada los términos. Basta con verificar que ‘adolecer’ no significa ‘carecer, faltar o no tener’.

El lenguaje es dinámico y evoluciona con regularidad. Sin embargo, el escritor debe buscar la mayor universalidad y no quedarse solo con sus giros locales, a menos que ese sea su público objetivo o el perfil del personaje lo demande.

El uso de localismos puede servir para definir personalidades (“vale” dirá un personaje español para estar de acuerdo; pero un mexicano recurrirá al “okey” y un colombiano a “al pelo” para decir lo mismo). Dominar un lenguaje neutro, obliga al autor a dotarse de un léxico sumamente rico… pero apegado a lo enunciado por el Diccionario (con la mayúscula me refiero al oficial, no a cualquiera. Parece extraño, pero hay diccionarios muy deficientes, aunque gocen de popularidad. En particular, uno de nombre francés es muy deficiente).

Otra ventaja de esta obra de consulta es el orden de las acepciones. Este responde al uso. Las primeras acepciones son las más generalizadas. También incluye los regionalismos más difundidos (se recogió ya el famosísimo ‘güey’ de nosotros, los mexicanos, aunque decepciona un poco la definición: tonto; demasiado simple).

En ese sentido la ortografía juega un papel crucial. Dejar este aspecto a la revisión electrónica ofrece graves riesgos. Un procesador electrónico es incapaz de diferenciar entre ésta/esta/está porque todas estas alternativas están en su base de datos. Pistas puede dar el corrector gramatical, pero tampoco es infalible. Entonces, el autor debe tener la capacidad de aplicar la forma que la necesidad específica demanda.

El escritor debe manejar con criterio las reglas ortográficas. Si un personaje usa con regularidad diminutivos, se enfrentará a palabras terminadas en –cito y –sita, por ejemplo. Si el autor desconoce la regla aplicable, su trabajo se volverá fatigoso por recurrir con regularidad a obras de consulta. Si sabe que los sustantivos (persona, animal, cosa o concepto) con S en su origen la conservan en sus derivados, su trabajo se agiliza (si no la tiene, se escribirán con C). Por ello, casita (de casa) se escribe con S, mientras que nubecita (de nube) será con C.

Por supuesto las mayúsculas llevan tilde (acento gráfico). Las Academias de la lengua «…nunca han establecido una norma en sentido contrario» (Ortografía, 1979, pág. 31). Un amigo decía que una tilde puede hacer viudo o cornudo a nuestro personaje. No es lo mismo: «Sufro por la pérdida de mi mujer», que dejar de acentuar gráficamente el vocablo respectivo.

Chispitas de lenguaje

Enrique R. Soriano Valencia

[email protected]

 

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