Con gran éxito se llevó a cabo el Encuentro Nacional de Dulces Tradicionales en Salamanca

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Comer es una necesidad biológica, pero preparar y cocinar lo que se come es ya un acto de cultura distintivo, los dulces son una golosina y un postre al final de las comidas, lo que implica mayor refinamiento en el degustar. El dulce corta de tajo el gusto ácido, salado o picante de una comida y nos sumerge en un confort de sabor que conoce casi todo el mundo pues ninguna cultura desdeña lo dulce.

El Instituto Estatal de la Cultura, a través del Centro de las Artes de Guanajuato organizó, del 11 al 13 de mayo, el Encuentro Nacional de Dulces Tradicionales en donde quedó de manifiesto que la gente produce los dulces con lo que tiene a la mano.

Como sabemos la identidad tiene que ver con el territorio en el que se vive, la tierra donde nacemos nos moldea pues de ella obtenemos materias primas para construir ciudades, vestirnos, para alimentarnos y para disfrutar de sus dulzores como la miel de abeja, agave o mezquite, el piloncillo y el mascabado, o el azúcar morena y la refinada que al combinarse con frutas o vegetales, con leche de vaca o de cabra, nos dan dulces regionales que nos encantan.

En el Encuentro Nacional de Dulces Tradicionales se dieron cita, por ejemplo, los jaliscienses con sus arrayanes, los neoleoneses de Linares y sus famosas glorias, Durango y sus biznagas cristalizadas, Guanajuato con sus mazapanes y sus rollos de ate de guayaba.

Durante tres días el ex convento agustino, de Salamanca, se llenó de visitantes que sorprendidos y gustosos paseaban entre coloridos puestos en donde los marchantes ofrecían probadas de sus dulces artesanales. Ahí confluyeron productores artesanales de  16 estados de la república y 13 municipios de Guanajuato, para deleitar a los compradores y visitantes.

Parece increíble pero los dulces, igual que los alimentos, nos dan identidad, nos dicen de dónde vienen, pues si alguien nos ofrece un dulce de nuez con higo sabemos que son de Coahuila; si nos invitan unas coyotas sabemos que son de Sonora; los gaznates y las empanaditas de piña y coco de Oaxaca; el tumbagón de San Miguel de Allende;  unos frailes de Campeche; papaya cristalizada de Yucatán; cocadas con miel de Colima; por mencionar sólo algunos.

Así cada dulce establece una identidad regional dentro del gran marco que es la identidad nacional.

Por: Deyanira Lancon.