Confusión de significados

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Chispitas de lenguaje

Confusión de significados

Hace unos días una conocida me relataba un hecho extraño. Al final remató diciéndome: «Así pasó, te lo prometo». Debió haber dicho «…te lo juro», en vez de «…te lo prometo».

Pero no es un caso aislado. He escuchado a muchas personas así aplicar esa palabra y otras muchas: dar un uso diferente al que le corresponde. En buena medida así evoluciona el lenguaje. Pero hasta que no se generalice, se considera una impropiedad, un uso que atenta contra la compresión cabal del enunciado. Reviso algunos casos.

Una ya muy comentada en este espacio es la palabra ‘adolecer’ (insisto porque, a pesar de la difusión, sigue presente en muchas ocasiones). Por motivos fonéticos, se suele asociar con ‘adolescente’ y con ello popularmente caer en la conclusión de que tiene el significado de carecer, faltar, no tener. Por principio, observe estimado lector que una se escribe solo con c y la otra con sc. Eso facilita identificar que no están emparentadas, aunque tengan sonido similar. ‘Adolecer’ significa padecer (tener negativamente una cualidad o dolencia). En tanto ‘adolescente’ viene del vocablo latino de crecimiento (adolescens, -entis).

También he observado a quienes aplican el vocablo ‘prístino’ para dar a entender algo limpio, puro, sin mancha o totalmente claro. Esa palabra viene del latín pristinus y se aplica para algo antiguo, primitivo, original (no con el sentido de exclusivo, sino de primer origen). El prístino pecado nada tiene que ver con alguna pureza del pecado (entonces no lo sería), sino el primigenio, el original, del que se deriva algo.

Cuidado con usar el vocablo ‘álgido’ como sinónimo de difícil o problemático. Originalmente, ‘álgido´ se usaba para algo muy frío. Ese es su significado original. Con el paso del tiempo aplica ahora para el punto culminante o crítico. Se trata de un periodo o etapa, pero de ninguna manera aplica para épocas difíciles, sino para momentos que finalizan. Por ejemplo, el punto álgido de un parto es el nacimiento; pero de ninguna manera la economía nacional pasaría por un periodo álgido (espero, porque si aplicase, significaría que hasta ahí llegamos como nación, que fue el tope).

Difícil de reconocer de forma popular es la diferencia entre ‘ateo’ y ‘agnóstico’. El primero es aquel que no cree en la existencia de un ser superior; el segundo es el que supone incapacidad de los seres humanos para entender el concepto de ser supremo. En este sentido, el segundo sí tiene un dios, pero no discute al respecto porque considera limitada la capacidad humana para conceptuarlo.

Una palabra que acaba de incorporar un nuevo significado es ‘bizarro’. Aún en la vigésima tercera edición (la última) aparece con el significado tradicional: valiente, esforzado, espléndido. El sentido de ‘extraño’ con el que se aplica popularmente viene del inglés. En ese idioma eso significaba. Por influencia, así se ha venido usando. Sin embargo, en el último trimestre de 2016, dado esa generalización (no solo en nuestro país), a través de la Fundación para el español

urgente, Fundéu, las Academias de la lengua han anunciado esa nueva acepción. En lo personal tenía años insistiendo que no debía aplicarse con el sentido del inglés, pero el idioma evoluciona y ya está aceptado.

Algo similar pasó con el vocablo ‘normatividad’. Por años conservé y mostré en cursos un correo de la Academia Mexicana de la Lengua donde me señalaba que no debía usarse. Para ello el idioma cuenta con la palabra ‘normativa’. Sin embargo, se ha hecho tan popular el término y generalizado su uso que ya se admitió y la encontramos en el Diccionario.

(Al menos que «te lo prometo» no lo confundan con «te juro»)