January 19, 2017
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Ahora que terminaron los informes de gobierno en todos los municipios del estado, no podemos dejar de recordar los antiguos informes de los Presidentes de la República, eventos anuales en que se rendía culto a una persona.

 

Ceremonias faraónicas de adoración a la figura, al presidente en turno, no importando que fuera totalmente diferente al anterior en su persona y en su concepción de País.

 

Comedias grotescas plagadas de cifras imposibles de constatar, de avalanchas de supuestos logros -que correspondían en igual cantidad a los aplausos de los asistentes-, un lamentable acto en que los poderes se postraban al Ejecutivo, interrumpiendo en su discurso decenas de veces para vitorearlo. El servilismo y el absurdo en su máxima expresión.

 

Me atrevo a decir que en San Lázaro, la Cámara de los Diputados Federales fue construida pensando en el día del informe, para que el acceso y el pasillo central pudieran servir a la entrada triunfal, al lucimiento del mandatario todopoderoso -que elegía por igual a diputados y senadores, alcaldes, funcionarios y rumbo del País-, para que pasara entre las loas y aplausos serviles de quienes debían ser equilibrio y contrapeso a su función.

 

Este teatro del absurdo que vivimos a lo largo de nuestra historia, sin prensa libre, con medios coptados y comprados, ocultaban la realidad del día a día, las malas administraciones, la falta de compromiso con la ciudadanía.

 

El oropel y la alabanza fácil evidenciaba en un día los poderes metaconstitucionales del presidente, clarificaban en una escena grotesca la falta de respeto a la vida republicana, sin importar que el resto del año tuviéramos descalabros, crisis recurrentes y devaluaciones. Lo ficticio y lo mediático por encima de la realidad.

 

Ahora que se rinden informes en todo el País, debemos tener conocimiento de lo sucedido en nuestro pasado y hacer de esos informes de actividades de alcaldes y ayuntamientos, más que una obligación contemplada en Ley Orgánica municipal y en la Constitución, un ejercicio de congruencia de los gobiernos y de certeza para la ciudadanía.

 

Porque hoy existe un alejamiento con los gobiernos, una incredulidad y falta de confianza respecto a la función pública que se extiende por igual a todas las instituciones, no importando si sean de justicia, de seguridad, legislativas o administrativas.

 

Un riesgo enorme para el futuro de México, que requiere de un compromiso diario de responsabilidad y transparencia en los cargos públicos, para lograr darle certidumbre a nuestro entramado institucional. No podemos tener un País fuerte sin instituciones fuertes.

 

Por esa razón no necesitamos gobiernos mediáticos y frívolos, basta ya del espectáculo y la declaración estridente, necesitamos en cambio pasos seguros, saneamiento de la administración pública, alcaldes honestos, licitaciones transparentes, obras que no terminen costando mas del doble de lo presupuestado, ahorros y economías que se reflejen en inversión, alcaldes que puedan terminar su mandato, que no sean señalados por corrupción.

 

El espectáculo terminó, no fue sano para la ciudadanía, solo sirvió a los intereses de unos cuantos, ahora los informes no son tema de un día, son exigencia de la actuación diaria, no podemos pedir menos.

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