“Tarantino intentó matarme”: Uma Thurman

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4 de febrero del 2018.- Uma Thurman es la más reciente actriz de renombre de Hollywood que rompe el silencio para señalar al productor Harvey Weinstein de acoso sexual, pero no solo eso, sino que también acusa a Quentin Tarantino de haber intentado matarla durante una filmación.

La protagonista de Kill Bill aseguró que Tarantino –quien dirigió y produjo dicho filme- le obligó a conducir un automóvil pese a que tenía un desperfecto y esto puso en riesgo su vida, ya que terminó en el hospital.

“Quentin estaba furioso porque le costaba mucho tiempo, pero yo estaba asustada. Me dijo ´Te prometo que el carro está bien. Es una carretera recta. Tienes que alcanzar los 65 kilómetros por hora porque si no, tu pelo no ondeará como debe y te haré repetirlo´… Era una trampa mortal. El asiento no estaba sujeto como debía, no era una carretera recta y estaba llena de arena.

“El volante me presionaba el abdomen y mis piernas estaban atascadas debajo de mí. Sentí un dolor abrasador y pensé ´no voy a volver a caminar´. Cuando salí del hospital con un collarín, mis rodillas dañadas y una contusión quise ver el coche, estaba muy enfadada. Tuve una tremenda pelea con Quentin y le acusé de haber intentado matarme”, contó en entrevista con “The New York Times”.

Respecto a Harvey Weinstein, el productor acusado por decenas de mujeres por abusos sexuales aprovechando su posición de poder en el mundo del cine, Thurman recordó que este hombre intentó tener sexo con ella sin su consentimiento en una suite de hotel luego del éxito del filme Pulp Fiction, que ella estelarizó y él produjo.

“Me empujó, intentó ponerse sobre mí e hizo todo tipo de cosas desagradables, pero no logró colocarse sobre mí y forzarme. Te vuelves como un animal escabulléndote, como un lagarto”, afirmó.

Rememoró que fue víctima de violación a los 16 años por un colega actor, de quien no dio el nombre.

“Traté de decir que no, lloré e hice todo lo que podía hacer. Me dijo que la puerta tenía llave, pero nunca corrí para girar la perilla. Al final de todo me quedé obediente. Cuando llegué a casa, recuerdo que me paré frente al espejo y me miré las manos y estaba enojada con ellas por no estar ensangrentadas o magulladas”.