Temas poco valorados

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Chispitas de lenguaje

Enrique R. Soriano Valencia

Temas poco valorados

El estómago se le encogió al conductor cuando el vehículo de detrás suyo puso a funcionar la torreta y sonó la sirena. Llevaba menos de un kilómetro detrás, como vigilando los movimientos de su vehículo. De nada le valió cuidar el límite, debió orillarse.

Un hombre gordo con un chaleco antibalas y metralleta en mano se ubicó a la altura de la ventanilla.

—Sus documentos, por favor.

—Oiga, oficial, voy a la velocidad… –fue interrumpido bruscamente:

—Tenemos reportes de robo de un vehículo similar al suyo. Va a tener que bajarse junto con su familia para una revisión de rutina y para saber si no transporta algo ilegal.

Aumentó la angustia del conductor.

—Oficial, ¿puede quedarse mi suegra con el niño en el automóvil?, hace un poco de frío para ambos.

—¿¡Se está resistiendo!? –de inmediato volteó hacia donde estaban sus compañeros y gritó– ¡Muchachos!

Todos los del vehículo posterior tomaron sus armas y asumieron una actitud de combate.

En Tijuana, un estudiante de Derecho leía y releía la manta que colocaban los empleados de una tienda. Unos minutos después, consultó el Código de Comercio que esa mañana expuso en clase.

Tardó un poco más en decidirse y entró en la tienda a buscar al gerente. No permaneció mucho tiempo. Antes de marcharse, se escucharon gritos del administrador y el estudiante salió resuelto, con una sonrisa en los labios.

Una hora después llegaba acompañado de varias personas. El grupo se detuvo para ver la manta y entraron todos a la tienda.

En un banco de Nueva York, un muchacho se sorprendía ante el reporte de su computadora. De inmediato imprimió. Documento en mano, salió corriendo por los pasillos hasta el despacho del Gerente General.

La secretaria se resistió un poco, pero al escuchar la explicación y revisar por encima el reporte, de inmediato informó a su jefe que urgía recibiera al chico.

En la capital de Guanajuato, en un despacho de abogados, una persona madura lloraba amargamente. El abogado trataba de consolarlo.

—Estoy consciente de su situación, pero nada puedo hacer. Los hijos de su finado socio consideran que los beneficiarios son ellos. He leído una y otra vez el testamento y su ambigüedad hace suponer que tendremos pleito para rato. No le aseguro éxito en el reclamo.

Dramatizadas al estilo literario, todos son noticias reales: una camioneta apócrifa de la policía de Michoacán fue identificada gracias a que los rótulos de los costados estaban mal escritos: «Divición Nacional»; un muchacho compró toda la mercancía de una tienda con valor de $300 000.00 por una cantidad ridícula a causa de un rótulo promocional mal redactado (Periódico Correo, marzo 2016): «Toda la tienda a diez pesos»; en abril de 2016 medios internacionales dieron cuenta de la detección de un multimillonario fraude en un banco con operaciones en Nueva York, gracias a un error ortográfico; y el anterior presidente de los notarios de Guanajuato denunció que en las herencias se burla regularmente la voluntad del finado a causa de la redacción deficiente.

Muchos aún creen que la ortografía y la redacción son temas solo académicos. La realidad es más grave: son parte de la vida cotidiana. Muchos juicios no se prolongarían tanto de estar impecablemente redactada sentencia o argumentos de las partes. La cantidad de rótulos absurdos de tiendas o anuncios en diarios («Se solicita personal ambos sexos»: obviamente son hermafroditas los requeridos) demuestran que la ortografía y la redacción son temas que no están atrapadas solo en el ámbito académico, sino que tienen una enorme vigencia e impacto en la vida cotidiana. Incluso, un banco nacional ha recomendado a sus usuarios considerar correos electrónicos apócrifos si tienen faltas ortográficas.

Pero como todo, si nos acostumbramos a los errores es más difícil detectarlos, como sucedió con los contenidos en los libros de texto gratuitos. A los funcionarios les fue imposible reconocerlos porque están acostumbrados a ver normal las barbaridades. No permitamos que las formas incorrectas se nos hagan cotidianas. La sociedad en su conjunto se beneficiará de ello.